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La Coctelera
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foto burra

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Beela!

Después salí del curro y sentí como una liberación, parecida a ésa, sí, ya sabéis, sólo vosotras, cada 28 días o casi, pero no me voy a ir por ahí que me pierdo y siempre está oscuro y como húmedo. Estuve por comer en cualquier sitio pero palpé el bolsillo y me quedé con la copla: ni un duro en la faltriquera, así que hasta que pudiese comer de gratis en casa de P. me quedaban aún un par de horas. Me fui, por lo pronto, a dar una vuelta. Luego vi el cartel grande y hermoso y parasitador, conque no pude resistir el impulso. Me metí. Estuve por allí un buen rato, sentí ese cosquilleo chungén en puestos avanzados, ese inaprensible querer dar por saco y no saber cómo zafarse. Tenía que hacerlo, lo supe en apenas segundos... Un poco más y me cogen, lo estaba viendo, qué hubiese sido de mí si me pillan, un marrón que para qué os cuento..., y ya puestos, para qué demonios os cuento?!. En fin, un misterio tras otro va uno avanzando en el día a día, soprendiéndose cada vez menos de toda la humana basura que han de tragar sus ojos, hasta que llega un día que llega la muerte: -y perdonen la redundancia-: te ha llegado el momento. Pero como para entonces, si es que has pasado los 30, estás tan curado de espanto, tan hasta arriba de mierda, que ya demasiado no te sorprendes demasiado, la verdad, ni siquiera el día en que vas y llegas y la espichas en firme. Ya está: no me cogieron, una vez más salgo indemne y estos cabrones son algo menos ricos gracias a mi suave hurto que no cambiará nada. Luego he comido tortilla y he bebido vino. Susana, la novia de P. me sirvió gustosa, pues debo ser el único amigo de su mostrenco que no lo exprime más que lo justo. P. no estaba ella no sabía por qué. Ni demasiada curiosidad le picaba, que se fue a dormir sin decirme hasta ahora y me dejó allí. Solito. Lugosi no estaba tampoco -de lo contrario le habría invitado-, tuvo que largarse, tuvo que irse pitando... Siento alrededor como una musiquilla, tiri-tiri-turá-turá, pachín-pachán-y-más-allá: acullá. ¿De dónde sale semejante sarta de notillas musicales? Mía no es, desde luego, a mí me arruinó toda mi colección de discos la última novia: se llamaba Raquel: un par de tetas bien gordas...